martes, 18 de febrero de 2014

Rompiendo las olas: del 'no wave' al 'cinema of transgression'

 
El pasado 18 de enero, el fotógrafo Richard Kern estrenaba en Málaga su retrospectiva ‘Famosos y desnudos’. A la inauguración acudían, también, Thurston Moore y Lydia lunch para presentar su proyecto de performance audiovisual “Breaking open the head”. La reunión nos recuerda que los tres artistas, con universos particulares tan diferentes, tuvieron como punto de partida común la escena no wave neoyorkina. Un movimiento que, más allá de abarcar un anti-género musical ecléctico, geográfico y circunstancial, se extendió al arte visual y al cine en Super8, derivando finalmente en el llamado cinema of transgression.
 
A mediados de los 70, el Lower East Side (en adelante, L.E.S.) no era un pintoresco vecindario repleto de elegantes cafés, living rooms frecuentados por proyectos de Strokes  o galerías para arties con talento de aval bancario. Simple y llanamente era un barrio marginal de Manhattan que parecía haber sido devastado por un bombardeo y cuyo estado de dejadez reflejaba la decadencia social que trajo consigo la bancarrota de la ciudad de Nueva York. No obstante, cientos de viviendas vacías, semiderruidas y con alquileres a precios irrisorios atrajeron a ciertos jóvenes con inquietudes artísticas y bolsillos remendados.

Fue allí, ante la insistencia de varios músicos residentes en la zona, donde el CBGB pasó de ser un desértico club de bluegrass a una suerte de sucursal barriobajera del Max’s Kansas City, local de Park Avenue donde se citaba la camarilla de Warhol y los aspirantes a formar parte de ella. El local era frecuentado por el sector más gamberro de la clientela del Max's y, principalmente, por los músicos que allí actuaban, siempre acompañados por sus respectivos séquitos. 

Foto: David Godlis.
Allí también acudía un joven Amos Poe que, tras haber filmado Night Lunch en 1975, frecuentaba los locales de la ciudad con una cámara de 16mm para filmar todo lo que se moviera sobre un escenario. The Blank Generation, título que proviene de la canción homónima de Richard Hell & the Voidoids, fue el nombre de la cinta que recogía las actuaciones de esta banda y de otras tantas: Ramones, Talking Heads, Televisión, Patty Smith group,  Blondie, etc. 
 
Sin embargo, las cosas iban demasiado deprisa en 1977. En cuestión de meses, la primera hornada del CBGB había salido de las cloacas para firmar contratos con discográficas, y otros jóvenes con menos aspiraciones de protagonismo emergían de ellas con la intención de no perderlas nunca de vista, pues por sucias que fueran, las consideraban su hogar. 

El punk, efímero fogonazo a punto de apagarse tras la gira americana de Sex Pistols, estaba decayendo también como reclamo comercial para las discográficas. El presidente de Sire Records, por otra parte, creía que el término perjudicaba a ciertos artistas de su sello que frecuentaban el CBGB, por lo que inició una campaña para promover ‘new wave’ como nueva etiqueta. Poco a poco, los medios comenzaron a utilizarla para designar a los sonidos más amigables que estaban trayendo grupos como Blondie, pero también para clasificar a todo lo relacionado con el post-punk que llegaba desde Reino Unido.

Esta segunda generación de artistas veía cierta corrupción en las formas y decidió oponerse a todo lo que representaba la llamada ‘nueva ola’ a través de la negación. El punk, para ellos, se había convertido en una simple queja emitida desde la comodidad de las melodías de tres acordes, por lo que dirigieron el camino evolutivo hacía parajes más escondidos. ‘No sé lo qué es, pero sí sé lo que (fucking) no es’, sentenciaba Lydia Lunch, cabeza visible del movimiento y vocalista de Teenage Jesus and the Jerks, que junto a DNA, The Contortions y Mars participaron en NO NEW YORK, un álbum recopilatorio producido por Brian Eno que, durante una de sus estancias en la ciudad, descubrió a la pandilla basura y quedo impresionado por su manera de romper los códigos a través de la estridencia y la ausencia de patrones estructurales. Todos estos grupos tenían como único fin la experimentación, por lo que 'no wave' aludía, también, a su pretensión de no ser encasillados en un estilo concreto o en una de las múltiples olas que tanto amaba lanzar la prensa musical.


Entre tanto, las cámaras Super 8 se multiplicaban en el L.E.S. y el East Village gracias al bajo precio al que podían conseguirse en un sótano de la zona que vivía del extraperlo. Entre los compradores estaban Jim Jarmusch, Vincent Gallo, Tom DiCillo, Vivienne Dick y otros cineastas amateurs que, recurriendo a una estricta ética D.I.Y., comenzaron a retratar la vida del barrio de una manera muy personal. Hacer una película no era tan difícil: el escenario era la calle, y los personajes, sus ilustres vecinos. El movimiento comenzaba a trascender lo musical.

        Foto: Marcia Resnick para Blank City. De izq. a der.: Scott B. y Beth B., Diego Cortez, Lydia Lunch, Johnny O'Kane, Bill Rice y Adele Bertei

Al igual que ocurrió en el Bronx, muchos edificios de downtown Manhattan habían sido incendiados a conciencia por los propietarios para poder cobrar el seguro, así que, tras la marcha de los antiguos inquilinos, llegaron otros bastante menos escrupulosos. El hecho de que fuera tan asequible vivir en ese otro Manhattan, aunque fuera en lofts carbonizados o llenos de ratas, creó un caldo de cultivo para que todos los recién llegados tuvieran un espacio para desarrollar sus proyectos. Por otra parte, la cercanía facilitaba la interacción y colaboración permanentes entre músicos, artistas y filmmakers. Se creó un pequeño Hollywood alternativo, y todo gracias a la miseria de la ciudad, que no atravesaba sus mejores momentos ni en lo financiero ni en lo social.

Una de las primeras películas, y quizá la más representativa de lo que sería el No Wave Cinema en sus inicios, es Unmade beds (Amos Poe, 1976,) Se trata una adaptación libre y caótica de al Al final de la escapada que incluye referencias constantes al cine francés y que tiene como principal distintivo la participación de la cantante Debbie Harry y el pintor Duncan Hannah en los papeles protagonistas. La inclusión de músicos como actores será una constante a partir de esta cinta, y así asistiremos a un carrusel de películas de mínimo presupuesto cuyo reparto esta plagado de ‘estrellas’ del underground neoyorkino.

 

Las obras de este 'nuevo cine' (New Cinema fue otra de las etiquetas usadas para describirlo) carecían de unos códigos comunes. Quizá una estética compartida y el gusto por la improvisación en los diálogos, pero unas cintas estaban inspiradas en la Nouvelle Vage, otras en el Neorrealismo italiano, y otras en el tándem Paul Morrissey/Warhol. También es esencial la influecia de John Cassavettes, especialmente sus primeras películas, en las que rodaba con un pequeño grupo de amigos. 

Aunque, en una primera etapa, la mayoría de las obras eran cortos y mediometrajes experimentales, poco a poco aparecieron largos como Rome 78, una irónica revisión de la vida de Calígula, ambientada en la edad contemporánea. Ese mismo año, la omnipresente Lydia Lunch encarnaba a una dominatrix en Black Box, película que contiene el germen del cine extremo que se realizará unos años después.

Hacia el fin de la década, una serie de films de corte amateur fue dando paso a otros más elaborados, y los alumnos más aventajados de la zona comenzaron a demostrar, a mayor escala, lo aprendido en los cientos de experimentos de bajo presupuesto en los que habían participado. En 1980, Eric Mitchell, quien fuera actor recurrente en las producciones de Amos Poe, debutaba como director con Underground USA, y el técnico de sonido de ésta, Jim Jarmusch, estrenaba su primer largometraje. Considerada la primera cinta que tuvo repercusión más allá del sur de Manhattan, Permanent Vacation es un canto al tedio que funciona como guía turística del L.E.S. y que refleja perfectamente las excentricidades de sus habitantes. Escrita expresamente por Jarmusch para el adolescente Chris Parker, la película cuenta con el cameo del músico, actor y director John Lurie, habitual en las producciones del barrio e icono del segmento fílmico del movimiento. 


Mientras, Thurston Moore, que años atrás se había trasladado a NY para presenciar lo que ocurría en el sur de Manhattan, preparaba junto a Kim Gordon el Noise Fest, un festival de nueve días dedicado a artistas No Wave y en el que debutaría su nueva banda, Sonic Youth. El encargado de aporrear la batería en estos primeros conciertos es Richard Edson, futuro protagonista de Stranger than Paradise, película que consagraría a Jarmusch como nuevo talento emergente.

En lo musical, la escena no wave evolucionaba hacia un punk-funk bailable que recogía infinitas influencias (desde el Krautrock hasta el omnipresente disco) y que presentaba una renovación sónica respecto a lo que escuchabamos en No New York: ritmos tribales a lo Talking Heads/Eno en 'Remain in light', guitarras cortantes al estilo Gang of Four y percusión no convencional como elemento dominante de las pistas. Los músicos seguían sin ser músicos profesionales, pero ahora sonaban como si realmente lo fueran. Se abrieron nuevos locales como el Mudd Club y Hurrah! que transformaban el fenómeno disco en un género subterráneo en el que los acordes radiofónicos de Nile Rodgers tomaban un matiz imposible de amplificar para las masas. En 2003, en pleno revival post-punk, Soul Jazz Records recopiló algunos temas de esta vertiente (a veces llamada 'disco/not disco') en el esencial New York Noise, vol. 1 (1978 -1982). Bandas como !!! o The Rapture tomaron nota de él y arrasaron.


Hasta ahora, los autores de la no wave habían realizado sus obras sin ningún tipo de financiación. Algunos confesarían, incluso, el haber recurrido al hurto como unica salida para poder filmar una pieza. Todo esto cambió con Downtown 81. Inicialmente titulada New York Beat Movie, la película contó con una ayuda económica que le permitió disponer de los medios necesarios para crear un producto apto para el consumo de un público más amplio. Antes de ser abrazado por Warhol, Jean Michelle Basquiat era casi un homeless que sobrevivía gracias a la ayuda de amigos como Jarmusch y Lurie. El largometraje, además de retratar sus penurias como artista callejero, constituye un magnífico documental de los personajes y artistas que pululaban por el sur de la ciudad, además de mostrar la influencia de la recién nacida cultura hip-hop, venida del Bronx, sobre Manhattan. El proyecto, desafortunadamente, fue abandonado tras el rodaje y no pudo ver la luz hasta 2000, cuando fue presentado en Cannes y obtuvo unas excelentes críticas.

Rodaje de Downtown 81
Una de las cintas que sí gozó de cierta popularidad en su momento fue Smithereens. Dirigida por Susan Seidelman (quien poco después se movería en terrenos mucho más comerciales al dirigir Buscando a Susan desesperadamente), la película, que cuenta con la aparición de Richard Hell y banda sonora de The Feelies, fue seleccionada para optar a la Palma de Oro en el festival de Cannes de 1982. El no wave, ahora ya con etiqueta explícita, estaba cayendo en los errores contra los que había nacido. Las historias se estaban volviendo más digestivas y los autores estaban siendo reconocidos, sobre todo en Europa, como nuevos valores del cine independiente. Artistas como Basquiat, de la noche a la mañana, comenzaron a hacerse populares y a ver como sus cuentas corrientes engordaban gracias a mecenas y yuppies ahora interesados en el arte marginal. La ciudad se recomponía de la bancarrota y la cantidad de nuevas galerías que se abrían en el downtown daban buena prueba de ello.

Es aquí cuando el ciclo se repite, y aparece, de nuevo, el underground del underground: una serie de autores que desechan toda ortodoxia y que comienzan a contratacar usando ultra-violencia y sexo extremo como artillería pesada para salvar el avant-garde. El único objetivo: provocar shock en el espectador. Nick Zed, el más freak de todos estos cineastas, ya había rodado varios films en los que retrataba el lado más sórdido del no wave cinema. Tras una serie de bocetos como They eat scum o The bogus man, en los que había anticipado el futuro referente a seguir por sus discípulos, en 1985 redactará The Cinema of Transgression Manifesto, documento en el que se exponen las premisas del nuevo movimiento. Abstenerse estómagos sensibles:

Rated R: Zedd y su apología de lo enfermizo como solución final

Uno de los integrantes de este escuadrón de adoradores de lo grotesco es Richard Kern, quien después de pasar varios años dedicándose a la edición de fanzines, se pasará al Super 8 y aportará las piezas más interesantes del género. Sus ejercicios, a menudo, contarán con la participación de Lydia Lunch, musa y parte hiper-activa del movimiento, y de la nueva promesa Lung Leg, cuya actuación en Submit to me influirá a Sonic Youth hasta el punto de utilizar uno de los fotogramas para la portada de su album Evol. Músicos y actores, dirigidos por Kern, aparecerán en el gore-clip realizado para Death Valley 69, uno de los temas de la banda en los que colabora Lunch y en el que se recrea una violenta excursión inspirada en los crímenes de la familia Manson. 

Kern, Lunch y Moore. Famosos y disparos.

Dentro del círculo de cineastas de la Transgression, Kern fue el autor que más prestigio adquirió con el paso del tiempo. Si bien empezó centrándose en la violencia más abyecta, años después admitiría haber descubierto que el sexo causa mucho mayor impacto en la sociedad norteamericana, por lo que hizo de éste su recurso principal para conmocionar y provocar una reacción en el espectador. También adquirió cierta popularidad a partir de una serie de videoclips que combinaban su particular visión de la sexualidad con ensoñaciones desternillantes. En la década de los 90, Kern se volcó, principalmente, en la fotografía erótica, pero ya sin atisbos de degeneración y con pocas intenciones de causar shock. En este campo es en el que dice sentirse más cómodo y en el que más reconocimientos ha conseguido. 

Hace tiempo que Kern, al igual que otros artistas de los que hemos hablado, ha dejado de forzar los límites para conseguir una respuesta extrema en el espectador. Así cuando, a día de hoy, le preguntan 'a qué se dedica', responde: 'mi trabajo consiste en fotografiar a mujeres desnudas, solamente eso, una y otra vez'. 

Quizas Richard Kern se ha cansado de provocar y se ha acomodado. O tal vez, ahora sabe que hay formas más sutiles de provocar que ni siquiera van vestidas de provocación. O puede que haya descubierto que, en pleno siglo XXI, puedes provocar al público, pero que no conseguirás, ni de lejos, los mismos resultados que hace 30 años, cuando no estábamos tan sobre-expuestos a todo.

Quién sabe. Quizas Kern diga eso porque sabe que su actual trabajo provoca la envidia en nosostros. 

En cualquier caso, hemos de afrontar que el tiempo y los lugares cambian. Nueva York ha dejado de ser la ciudad sórdida y peligrosa que fue. El alcalde Giuliani limpió los rincones prohibidos de Manhattan y, desde entonces, Travis Bickle no ha vuelto a ejercer de superhéroe. A cambio de poder pasear más seguros por sus calles, hemos perdido el encanto de aquel escenario tan perfecto para ciertas historias. Aquel era un cubo de basura lleno de fruta podrida, pero también de gusanos increíbles que no podrían haber salido de ningún otro lugar.